Escuelas Culturales de Paz | Gobernación del Valle del Cauca

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Escuelas Culturales de Paz | Gobernación del Valle del Cauca

Escuelas Culturales de Paz es un programa bandera de la Gobernación del Valle del Cauca que busca promover el goce efectivo de los derechos culturales en niños, niñas, adolescentes y jóvenes de todo el departamento, a través de la transmisión de saberes de manifestaciones artísticas y culturales propias, que permiten crear conciencia colectiva de paz y convivencia, fortaleciendo el sentido de pertenencia por nuestra cultura, la cohesión social y la identidad.

Escuelas Culturales del Valle | Gobernación Valle del Cauca
Este programa que se toma espacios vivos como parques, zonas verdes, polideportivos, casetas comunales, colegios, entre otros, apunta también a promover los valores y la cultura de paz en los niños y jóvenes, todo dentro del contexto de formar mejores personas que contribuyan a la convivencia ciudadana. Quien reconoce en el otro el valor de la diversidad cultural, tendrá mayor tolerancia y respeto ante otras diversidades: la religiosa, étnica, sexual o política, lo que permite redundar en otras maneras de relacionarse y ampliar sus perspectivas de proyectos de vida.

Diálogo cultural

Se reconoce como una herramienta a través de la cual se hace evidente el vínculo constitutivo entre lo político y lo cultural y las posibilidades de transformación que las propuestas culturales tienen en las relaciones de poder y en la construcción de una ciudadanía democrática cultural y plural.

En este contexto, el Diálogo Cultural es entendido como un campo de acción que acoge actores, procesos y propuestas con el ánimo de establecer estrategias de comunicación que faciliten el diálogo en y entre las culturas desde sus contextos y espacialidades. El diálogo cultural y el reconocimiento de la diversidad se convierten en los principales pilares de la política cultural con el ánimo fortalecer la creación, el diálogo y transformar las condiciones sociales en el territorio.

Es además, un eje dinamizador de los espacios de participación en los que la población ejerce sus derechos culturales y permite la construcción colectiva de políticas públicas que involucra no sólo a los representantes de las instituciones públicas sino a los ciudadanos en general.

Orientaciones para la experimentación artística

Complementario a los anteriores lineamientos se incluyen las siguientes pautas pensando una educación artística orientada hacia el disfrute, la contemplación reflexiva y la acción de los ciudadanos sobre sus culturas y sus contextos. Una educación que se encuentra con las artes, como el derecho que tiene cada individuo de participar activamente en la construcción de una sociedad democrática.

1. Entender la práctica artística como una forma de vida. Más allá de enmarcar la práctica artística en un oficio o disciplina específica se considera como una manera de percibir la realidad, pensar y actuar en el mundo.

2. Concebir la educación artística como la posibilidad de construcción de un proyecto de vida. A través de estas experiencias se abre la posibilidad a todos los ciudadanos de construir su proyecto de vida a partir de las prácticas artísticas como un derecho fundamental. Experiencias ricas e integrales que otorgan una posibilidad real en contraposición con aquellas que se quedan en métodos formales o que reducen los posibles contenidos de la práctica, a través de procesos sin continuidad y vacíos de significado.

3. Trabajar con el Diálogo cultural como metodología. Realizar jornadas de diálogo cultural antes durante y después del proceso formativo. La consulta con la comunidad es básica a la hora de formular planear y construir cualquier propuesta que desarrolle el enfoque diferencial. Trabajar las jornadas de diálogo cultural como un mecanismo de comunicación, detección de necesidades y participación permanente de la comunidad.

4. Formular proyectos vinculados al contexto. Las acciones que se emprenden con los participantes deben partir de su contexto, considerando los factores sociales, económicos, culturales y el entorno natural.

5. Construir a partir de los intereses de la comunidad. Reconocer la mirada de cada uno sobre su historia y los intereses y preocupaciones de la colectividad. Formular proyectos que tengan que ver con su realidad y donde se de valor a la perspectiva de cada uno y a la posibilidad de construcción conjunta. Así a través de historias locales se construye una narración colectiva vital para la comunidad.

6. Asegurar la participación activa de la comunidad como agente creador. Los participantes diseñan una ruta a partir de sus intereses y contextos. Son ellos mismos quienes inciden en los contenidos y en la ruta de su proceso de formación y creación, donde ellos aportan su vivencia y conocimientos al proceso.

7. Conectar. Una aproximación efectiva a la comunidad permite crear un ambiente de confianza, a partir del cual se desarrolle el proceso libremente y se cree un sentido de unidad. Esta conexión implica un profundo conocimiento de las condiciones de cada comunidad y un reconocimiento de los procesos que históricamente se han desarrollado. Implica además un interés genuino en las motivaciones y preocupaciones de la comunidad.

8. Validar al participante. El respeto y el reconocimiento de los saberes de cada participante es la base del trabajo. Es necesario valorar su discurso y su lenguaje expresivo, sin querer encasillarlo o conducirlo, en un proceso de creación auténtico y libre.

9. Trabajar a partir de una pedagogía vivencial. Los proyectos se desarrollan con base en sus vivencias para posibilitar la acción sobre su realidad. Se conectan e intervienen elementos que hacen parte de la cotidianidad de los participantes con la posibilidad resignificar prácticas y creencias.

10. Dar voz a los conflictos y no silenciarlos. Partir de estas problemáticas como material de trabajo y establecer espacios de reflexión, soluciones creativas o estrategias de resistencia.

11. Promover la participación de equipos transdisciplinares. Equipos que generan contenidos y lecturas desde múltiples visiones donde participan personas de diferentes áreas del conocimiento que promueven no solamente el uso de lenguajes expresivos diversos sino contenidos desde diferentes disciplinas. En este punto es importante destacar como las artes visuales han evolucionado hacia la aproximación de disciplinas que se entretejen en la práctica de los que se consideraba originalmente como artes visuales donde se incorporan además de lo visual, lo sonoro y lo performático.

12. Fomentar la articulación de la comunidad y las entidades. Crear conexiones con las entidades encargadas de los procesos de formación artística en los municipios, escuelas de formación artística, casas de la cultura, artistas que desarrollan iniciativas como laboratorios de artes visuales y otras prácticas comunitarias, los sabedores de cada región, los centros de formación técnica y tecnológica, las Universidades, las instituciones de educación formal y organizaciones civiles y asociaciones de padres, que pueden vincularse y fortalecer estas prácticas desde diferentes frentes. Es deseable contar con el conocimiento de la oferta de formación artística en la región y conocer las fortalezas de cada lugar para articular acciones conjuntas que den respaldo a estos procesos y que posibiliten la articulación de diferentes actores y la puesta en marcha de propuestas comunes.

13. Sistematizar las experiencias. Elaborar memorias y documentos que den cuenta de los procesos. Promover que los participantes realicen bitácoras de trabajo y conclusiones conjuntas de su proceso de trabajo. La relatoría y memoria, el análisis, la retroalimentación y la documentación de los procesos se traduce en una práctica educativa que se soporta en la investigación sobre las propias acciones enriqueciendo cada vez más los procesos. En este sentido se hace muy importante documentar de manera cuidadosa y detallada estas experiencias para que la comunidad pueda conocerlas en profundidad y eventualmente replicarlas. También como una forma de reconocimiento de los procesos que se llevan a cabo y que permiten mejorar la experiencia y los aprendizajes en cada oportunidad.

14. Facilitar espacios para la socialización. Los espacios de intervención y socialización de los procesos son importantes porque generan un reconocimiento directo al trabajo que la comunidad ha realizado y permiten un intercambio con los actores de su entorno. Visibiliza la posibilidad de que estas prácticas sean replicadas en contextos con condiciones similares o también como fuente de inspiración para que otras colectividades creen sus propios diálogos.

15. Empoderar a las comunidades La educación desde las artes aporta al disfrute, la contemplación reflexiva, a la construcción colaborativa de conocimientos, otorga herramientas para que cada participante desarrolle propuestas alrededor de intereses propios, valora a cada ciudadano y a cada comunidad, crea procesos de apropiación o fortalecimiento de sus saberes o de resignificación de prácticas o reparación simbólica, integra a los miembros de una comunidad generando procesos de cohesión social y fortalecimiento de la identidad individual local o colectiva, potencia la capacidad de una comunidad para la autogestión en el camino de garantizar sus derechos, generando procesos reales de transformación social.

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